Más de la mitad de los pacientes que acuden al gastroenterólogo lo hacen por síntomas que no tienen una causa orgánica demostrable. Estos síntomas digestivos funcionales pueden explicarse por una hipersensibilidad visceral, de modo que se desencadenan en respuesta a estímulos fisiológicos.
- Buscamos que España esté presente en el consorcio del 'MetaHIT' con un proyecto sobre colon irritable
Desde hace décadas, investigadores como Fernando Azpiroz, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Valle de Hebrón, en Barcelona, estudian la sensibilidad visceral, siempre vinculada a sensaciones desagradables, pero esta línea de trabajo podría aplicarse a un nuevo concepto de salud, aún no explotado experimentalmente, el del bienestar digestivo, según se ha expuesto en las XIII Jornadas Nacionales de Nutrición Práctica (Dietecom), en Madrid.
"El aparato digestivo también puede ser fuente de sensaciones placenteras. Todavía son casos muy excepcionales, claro está, pero ya hay pacientes que consultan por la falta de una sensación reconfortante, como no tener apetito y comer por obligación, o bien por disatisfacción rectal o sensación de evacuación incompleta", dice Azpiroz.
¿Cómo evaluar esto científicamente? A través de setudios mecanísticos que valoren respuestas sensitivas y reflejas específicas, y con los que ya se tiene amplia experiencia. "La misma tecnología con la que se estudia el origen de los síntomas funcionales sirve para indagar en las sensaciones agradables. Años de estudio nos han proporcionado la metodología", aclara Azpiroz, para quien es importante no perder de vista el papel de la flora intestinal.
- La tecnología que estudia los síntomas funcionales sirve también para investigar el bienestar digestivo
"La microbiota es también uno de los mecanismos reguladores de la sensibilidad, los reflejos y del contenido. De hecho, el tipo de bacterias de los pacientes con síntomas funcionales son diferentes a las halladas en los sujetos normales; así que en estos microorganismos pueden estar algunas de las causas".
Al respecto de la investigación en la flora intestinal, Francisco Guarner, jefe de Sección del referido servicio del Valle de Hebrón, ha destacado que "una de las limitaciones ha sido la ausencia de herramientas de análisis adecuadas. Gracias a técnicas de biología molecular y de bioinformática se han podido identificar y caracterizar bacterias no cultivables, y obtener información sobre el ecosistema del intestino".
Para hacerse una idea de la magnitud de los datos manejados en este campo, el proyecto europeo MetaHIT (que ha iniciado la secuenciación del microbioma humano o de los genes de las bacterias humanas) ha generado sólo con los cien primeros sujetos 500 gigabytes de información. El proyecto se centra inicialmente en la enfermedad inflamatoria intestinal y en la obesidad, aunque "pretendemos que España esté en el consorcio con un proyecto sobre la microflora en el síndrome del colon irritable", apunta Guarner.
Una vez que se identifiquen asociaciones entre flora y patologías, el siguiente paso son los estudios de intervención. "Para manipular la flora están los prebióticos, probióticos y antibióticos; con ellos podemos diseñar cambios en el patrón bacteriano y comprobar su efecto en el aparato digestivo".
Azpiroz recuerda que para asegurar el éxito de este tipo de trabajos que prueban un efecto concreto, hay que seleccionar condiciones homogéneas, y apoyarse también en las herramientas que evalúan las funciones del aparato digestivo.